Thursday, March 02, 2006

El siglo XXI busca sus nuevas siete maravillas del mundo

Las siete maravillas constituyen un monumento en su sentido etimológico, es decir, un auténtico recordatorio de la fragilidad y caducidad de las cosas humanas y del implacable y devastador olvido de la historia». Son palabras, escritas, de Javier Gómez Espelosín, profesor titular de Historia Antigua en la Universidad de Alcalá de Henares. De aquellos siete iconos cuyo legado se atribuye a un autor de nombre Filón, hoy sólo queda en pie la majestuosa pirámide de Gizeh. Quizá sea hora de elegir unas nuevas.

La gran pirámide de Gizeh, en Egipto; los jardines colgantes, en Babilonia; el templo de Artemisa, en Efeso; El Coloso de Rodas; el mausoleo de Halicarnaso; y la estatura de Zeus, en Olimpia. ¿Les suenan? Seguro que sí. Las siete joyas, mitad históricas, mitad mitológicas, que representan la capacidad humana por asombrarse a sí misma y perpetuarse a lo largo de siglos, de miles de años. Ejemplos que nos recuerdan que lo mismo que la Luna una vez formó parte de la madre Tierra y nos muestra nuestro pasado más lejano, aquellos ancestros nos legaron que ya entonces albergaban la misma capacidad de superación que la que el ser humano sostiene después de tanto tiempo transcurrido.

Pero aquellas siete maravillas que un tal Filón describiera en sus escritos son historia, restos más bien. Sólo aquella montaña apilada sobre otra, como el propio Filón definió a la Gran Pirámide de Keops, se mantiene ergida. El resto, forman ya parte de nuestra memoria histórica o apenas quedan ruinas de alguna columna, algún pedazo de piedra ‘expropiada’ en algún museo europeo o ni siquiera sabemos ni cómo ni cuándo desapareció.

Memoria que 2.200 años después de que se estableciera aquella lista puede quebrarse en parte. Quizá dentro de veinte, treinta, cincuenta, u otros 2.200 años, ya nadie recuerde los 13 metros de altura de la estatua sedente de Zeus, los 31 del Coloso de Rodas o los 100 del faro de Alejandría que alumbraba con su luz a una distancia de hasta cincuenta kilómetros. Y todo porque a un cineasta y aventurero suizo de nombre Bernard Weber se le ocurrió la idea de fundar la Sociedad y Fundación de las Nuevas 7 Maravillas. Su cometido, votar las nuevas siete maravillas del mundo y hacerlo de una manera más ‘democrática’, es decir, vía internet. Y, además, con el aval que supone el respaldo de una organización como la Unesco (custodia 630 obras maestras de la humanidad). El propio Federico Mayor Zaragoza capitanea el ‘jurado’ que revisará los resultados finales.

La iniciativa podría antojarse un tanto comercial o publicitaria, pero en su favor hay que decir que esta Fundación es la que se ha embarcado en la recuperación de las devastadas estatuas de Buda en Afganistán en marzo de 2001, a manos de la irracionalidad de las guerras. El objetivo de Weber es, dice él, crear conciencia del valor histórico de determinadas obras y preservar el patrimonio cultural de la humanidad. «Es un ejercicio en el que no un hombre, sino millones de personas, se convertirán en los Filón del nuevo milenio», dice en el sitio web de la fundación a través del cual se hace la votación.

Las listas
Lo de volver a nominar a esas nuevas maravillas levantadas por la mano del ser humano no ha sido el único intento, o mejor dicho, la única lista que a lo largo de la historia ha querido competir con la detallada por Filón. Que se sepa, ha habido hasta 13 propuestas más, desde el siglo II a.C. hasta el XIV. En ellas, se incluían desde el Coliseo romano o la ciudad egipcia de Tebas hasta otras maravillas bíblicas como el Arca de Noé, que muchas expediciones buscan en las faldas del monte Ararat, o el templo de Salomón. La última en incorporarse fue el faro de Alejandría, el mismo al que la leyenda otorga la capacidad de quemar las naves enemigas a 160 kilómetros de distancia, gracias a los rayos del Sol reflejados en su espejo giratorio.

Pero quizá la ‘opa’ hostil más seria sea ésta que pretende actualizarse ahora y cuyo resultado final no sabremos hasta el 1 de enero de 2007, fecha en la que se hará pública la lista.
Desde hace unas semanas y hasta un día antes, la dirección www.new7wonders.org es el lugar donde depositar un voto que ya han dejado más de 19 millones personas de todo el planeta. Lo han hecho desde que la iniciativa se pusiera en marcha el año 2000 hasta completar un abanico de más de 150 maravillas ­inicialmente se propusieron 25, de las cuales 17 fueron postuladas por la Unesco, pero finalmente se abrió el plantel a petición de los miles y miles de internautas­, todas ellas ejecutadas por el ser humano, completadas antes de ese mismo año y en un estado aceptable de conservación.

Entre ellas, se coló una ubicada en suelo vasco, el Museo Guggenheim de la capital bilbaina, que tras la última criba se cayó del listado definitivo. En éste se han colado 21 joyas de la arquitectura, o al menos, para los votantes, y es que son muchos los que difieren al tener que ver competir al legado que supone la enigmática Machu Picchu o la por Boabdil llorada Alhambra granadina, con la Estatua de la Libertad neoyorkina ­por cierto, un regalo de los franceses­ o el edificio de la ópera de Sidney.

Polemicas
Pero sobre gustos no hay escrito y menos cuando de hacer patria se trata, porque en los últimos meses, y en los que restan por delante seguro que también, en la red internet se han movilizado muchas campañas para votar a determinadas obras candidatas, por aquello del prestigio que puede dar a un país o ciudad albergar a una de esas nuevas siete maravillas del mundo, aunque esta vez tengan fines más turísticos que de poder y grandiosidad de una civilización.

Hay también propuestas un tanto cuestionables, aunque no exentas de razón según como se mire, y de ello da muestra la singular apuesta que hizo, por ejemplo, la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles: el túnel del Canal de la Mancha, la Torre CN de Toronto, el Empire State de Nueva York, el puente Golden Gate de San Francisco, la represa Itaipú entre Brasil y Paraguay, los trabajos de protección contra el mar en los Países Bajos y el Canal de Panamá.
En el debate ha habido incluso quien ha aportado su granito crítico. Como el alcalde de uno de los enclaves nominados, el alcalde de la Isla de Pascua, Edmunds Paoa, quien hace unas semanas denunció furioso que los cerca de mil moais que posee Rapa Nui se desmoron día a día y nadie hace nada por preservarlos, por lo que se mostró crítico con que estas enigmáticas estaturas sean incluidas entre las Siete Nuevas Maravillas si nadie va a hacer nada por mantenerlas.
Polémica suscitada por esta especie de concurso que no ha sido la única. Opiniones encontradas como la del propio Federico Mayor Zaragoza, que preside el panel de expertos para elegir a las candidatas finalistas, y que defiende la ponencia de «tener en cuenta las obras arquitectónicas realizadas por el hombre en la Era Moderna», frente a otras como la del historiador mexicano Ernesto G. Maradiaga, que defiende que «los monumentos como Machu Picchu, Muralla China o las Pirámides, jamás se pueden llegar a comparar con un edificio de hierro y cemento».

¿A quien votaria?
La Acrópolis de Atenas, la Alhambra de Granada, el templo de Angkor en Camboya, la pirámide de Chichén Itza en Yucatán, el Cristo Redentor de Río de Janeiro, el Coliseo de Roma, los moais de la isla de Pascua, la Torre Eiffel de París, la Gran Muralla de China, la basílica de Santa Sofía de Estambul, el templo Kyomizu de Japón, el palacio del Kremlim de Moscú, Machu Picchu en Perú, el castillo de Neuschwanstein en Alemania, la ciudad de Petra en Jordania, la pirámide de Gizeh en Egipto, la Estatua de la Libertad de Nueva York, las piedras de Stonehenge en Gran Bretaña, el edificio de la ópera de Sidney, el Taj Mahal de la India o la ciudad de Timbuktu enMali.

Estas son las 21 finalistas que dejaron en el camino a última hora a unas que estuvieron muy cerca de colarse como la torre de Pisa o el palacio tibetano de Potala, y a otras como la ciudad histórica de Sana´a en Yemen, la Mezquita Azul de Estambul, la Sagrada Familia de Barcelona, la catedral alemana de Aquisgrán o el puente Golde Gate de San Francisco.

¿Cuestión de técnica o estética? Quizá, o, simplemente, cuestión de gustos. La lista original atribuida a Filón no sólo se fijó en la grandiosidad de aquellos monumentos, sino también en la pericia y saber hacer de quienes los diseñaron, entre ellos Fidias, autor de la estatua de Zeus en Olimpia. ¿Es comparable el diseño de las actuales estructuras o monumentos a la complejidad de las pirámides de Egipto, los ingeniosos riegos de los jardines babilónicos o el indescriptible diseño de la propia Machu Picchu?

José Miguel Mena, gerente de la agencia Viajes Eroski, tiene su propia lista de siete destinos y su particular explicación. Estatuas de la isla de Pascua, la Gran Muralla china, Machu Picchu, el castillo de Neuschwanstein, la ciudad de Petra, la pirámide de Gizeh y el Taj Mahal, aunque sin ningún orden de preferencia. «Mis criterios de elección entre las propuestas que se barajan van no sólo por el edificio u obra en particular. Quiero decir que es difícil abstraerse en ver sólo la obra sin tener en cuenta el destino y ambiente que le rodea, y que le da un toque a la singularidad de la misma obra», argumenta.

En este sentido, considera que, a modo de ejemplos, Machu Picchu «se entiende como maravilla del mundo en el entorno donde se ha dado y que rodea el misterio de la obra». O que el Taj Mahal en la India «tiene un continuo peregrinaje de indios que veneran la historia de amor por la que se construyó y no sería lo mismo esta bella obra si no estuviera en Agra, con sus gentes y colorido y en las orillas de un río y paisaje maravilloso». A su juicio, «de cada obra se pueden contar las peculiaridades que rodean a la misma y que hacen de la obra un destino apetecible para visitar y disfrutar».

El consejo del gerente de Eroski Bidaiak es que «merece la pena conocerlas e integrarse en cada obra, su ambiente, su significado, para apreciar más la obra que ya de por sí es impresionante».
Quien reconoce no ser muy amigo de estas listas, aunque sí la ha hecho para GARA, es el profesor de Historia Clásica de la UPV-EHU Antonio Duplá. Su apuesta incluye la Acrópolis, la Alhambra, el palacio de Angkor, la Opera de Sidney, Petra, el Taj Mahal y la ciudad de Timbuktu. «No sé muy bien qué se quiere decir con las ‘nuevas’ maravillas del mundo. Es difícil elegir y no soy muy amigo de estas listas que te obligan a selecciones siempre muy arbitrarias, pues toda la lista corresponde a maravillas, quizá alguna más que otra», responde al cuestionario.

Asunción Domeño, directora del Diploma de Estudios Artísticos de la Universidad de Navarra, también accede a nuestra petición y se decanta por la siguiente lista: Acrópolis, Alhambra, el templo de Angkor en Camboya, la pirámide de Chichén Itza, la Gran Muralla china, Petra y las omnipresentes pirámides egipcias.

Paloma Rodríguez-Escudero es la directora del Departamento de Historia del Arte y Música de la UPV-EHU. Como otras voces consultadas, no las tiene todas consigo a la hora de elaborar listados de estas características. «Mi sensación ante la petición de decantarme por unas u otras es lo arbitraria que resulta una selección de ese tipo. Pero, en fin, tampoco es una cuestión tan decisiva ni creo que vaya a contribuir a modificar la percepción de las realizaciones incluidas en la lista o ausentes de ella», aclara antes de decantarse por sus preferidas: Acrópolis, Alhambra, estatuas de la Isla de Pascua, Machu Picchu, Basílica de Santa Sofía, Petra y la Gran Muralla China.

Otro de nuestros consultados también se ha atrevido a dar su lista. Es Félix Ares, director del Kutxaespacio de la Ciencia de Miramón. Sus preferidas son: Pirámide de Gizeh, la Gran Muralla China, la Alhambra granadina, el templo Angkor, la pirámide Chichén Itza, las estatuas de la isla de Pascua y, sorpresa, la turística Torre Eiffel. ¿Por qué de la Torre Eiffel? «Porque es un buen ejemplo de arquitectura biomimética. Copia con fidelidad la estructura del fémur humano», responde Ares. «Creo que la biomimética cada día es más importante, y la Torre Eiffel es un símbolo claro de una estructura hecha imitando un ser vivo de manera consciente. Posteriormente tenemos muchas estructuras biomiméticas, pero creo que ninguna es tan emblemática como la Torre Eiffel».

¿Cómo votar?
Para que cualquier internauta o persona interesada en este concurso pueda emitir su voto, debe, primero, entrar en la web, donde encontrará un listado de teléfonos internacionales y se deben elegir dos ‘maravillas’ y memorizar el número asignado a ellas. Luego, se marca alguno de los números telefónicos indicados. La locución hablará unos 30 segundos explicando el concurso, eso sí, en inglés. Cuando la voz al otro lado diga algo como «Now enter the two digits for the first candidate you want to vote» y se escuche un breve pitido, se marca el código del primer candidato. Luego, la misma voz sigue y vuelve a decir algo parecido y a pitar, así que se marca el número del segundo candidato. Los números tienen que ser siempre de dos dígitos, con el cero en primer lugar.

No son llamadas gratuitas, sino que cuestan lo que una conexión internacional. La cuestión es que se quieren recaudar fondos para que la mitad de ellos tengan como destino la recuperación de conjuntos arquitectónicos como los Budas afganos. Lo que no dicen en su página web es a dónde irá el otro 50% de lo embolsado. Recordemos que ya llevan contabilizadas en cinco años unos 20 millones de llamadas.

¿Por qué siete?
Pero hasta el próximo 1 de enero de 2007, las auténticas y originales siete maravillas del mundo seguirán siendo las únicas. Unicas y enigmáticas. El primero de los interrogantes es por qué siete y no diez, o veintiuna. Lo cierto es que ese número, el siete, aparece rodeado de especulaciones no sólo aquí, sino en muchas culturas. Siete eran los sabios de Grecia, siete son los días de la semana, siete son los pecados capitales, siete son los brazos del candelabro del templo de Jerusalem, incluso siete son los colores del arcoiris.

Para el filósofo y matemático Pitágoras el siete era un número virgen, dado que no estaba contenido como factor ni como producto en los diez primeros números.

El origen de esta popularidad, según encontramos en el diccionario Wikipedia, está en la observación del cielo por los antiguos astrónomos. La inmensa mayoría de las estrellas no cambiaban de posición las unas respecto a las otras durante el año. Sin embargo, observaron siete cuerpos celestes que sí lo hacían. El Sol y la Luna, los dos primeros, evidentemente formaban parte de ellos. Los otros cinco eran los planetas que pueden verse a simple vista, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, y que los pueblos antiguos consideraban estrellas móviles.

Así que no es de extrañar que siete fueran las maravillas elegidas. Un origen que se remonta a la expedición de Alejandro Magno a Oriente Medio. Los griegos pudieron observar en todo su esplendor aquellas maravillas orientales ­ellos fueron los pioneros de esta lista, pues cinco son griegas­, si bien hubo que esperar a que Alejandría se convirtiera en capital cultural de aquel mundo para que empezaran a surgir las listas. Y no sería hasta la Edad Media cuando se diera, finalmente, por buena, la que ha llegado a nuestros días.

Pero el enigma sigue rodeando a muchas de esas obras concebidas por el ser humano hace cientos de años, máxime cuando los legados escritos tienden en muchos casos a magnificarlas. Los jardines de Babilonia son un ejemplo de desconocimiento, cómo lograron aquellos arquitectos diseñar y levantar aquella cascada de jardines colgantes. Ola complejidad de enormes estatuas como la de Zeus en Olimpia o el propio Coloso de Rodas, que no cayó de rodillas como cuenta la leyenda tras el terremoto del 226 a.C.

Es la Gran Pirámide de Gizeh, la tumba del faraón Keops, la única que ha pervivido al inexorable transcurrir del tiempo, a destrucciones y saqueos. Millones de bloques de toneladas de peso y cientos de miles de hombres que hicieron falta para levantarla. Hoy, un reclamo turístico más, sitiada por la expansión de la gran urbe cairota.

¿Tienen comparación aquellas ‘maravillas’ con los enormes rascacielos que se levantan hoy en el sudeste asiático, puentes kilométricos como el francés de Millau, o presas megalómanas como la de las Tres Gargantas en China? ¿Responden todas ellas al ansia de superación humana o más bien a la máxima del más alto, más grande, más lejos...? Quizá sólo son simples recordatorios de la fragilidad de nuestra especie ante el devenir del tiempo.

Joseba VIVANCO

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